”MAL DE AMORES”: ¿POR QUÉ SEGUIMOS CAYENDO EN LAS HISTORIAS DE AMOR?

Hay historias que cambian de formato, de época y hasta de generación, pero siguen provocándonos lo mismo: queremos saber qué va a pasar con ese amor.

Mal de amores es un buen ejemplo.

La novela de Ángeles Mastretta, publicada en los años noventa, acaba de llegar a Netflix convertida en una serie de siete episodios. La adaptación corre a cargo de Catalina Aguilar Mastretta, hija de la escritora, quien tomó una historia que ya tenía casi tres décadas de vida y la llevó a una nueva audiencia.

Y aquí es donde aparece una pregunta que nos interesa mucho más que saber si la adaptación “le hace justicia” al libro:

¿Por qué seguimos cayendo en las historias de amor?

PORQUE NO NOS ENAMORA SOLAMENTE EL AMOR

Emilia Sauri es una mujer que quiere estudiar medicina, tener libertad y construir su propia vida. El problema es que también ama a dos hombres: Daniel Cuenca, un revolucionario aventurero que forma parte de su historia desde niña, y Antonio Zavalza, un médico que representa una vida completamente distinta.

Sobre el papel, podría parecer otro triángulo amoroso.

Pero no lo es.

Porque las historias de amor que realmente nos atrapan casi nunca hablan únicamente de estar con alguien. Hablan de elegir.

¿A quién quiero?

¿Quién quiero ser?

¿Qué estoy dispuesto a perder?

¿Puedo tener el amor que deseo sin renunciar a la vida que quiero?

Y esas preguntas no tienen fecha de caducidad.

Tal vez por eso una historia escrita hace décadas puede llegar hoy a una plataforma de streaming y seguir sintiéndose cercana.

EL AMOR ES UN CONFLICTO PERFECTO

Desde el punto de vista narrativo, el amor tiene una ventaja enorme: todos entendemos el conflicto.

No necesitamos ser médicos, revolucionarios, empresarios o protagonistas de una novela para entender lo que significa querer a alguien que no nos conviene.

Tampoco necesitamos haber vivido exactamente la misma historia.

Hemos esperado un mensaje.

Hemos tenido un amor imposible.

Hemos pensado demasiado en alguien.

Hemos elegido mal.

O hemos visto a un amigo tomar una decisión sentimental que nosotros sabíamos que terminaría mal.

El amor convierte situaciones muy particulares en emociones universales.

Y ahí está buena parte de su poder.

ENTONCES, ¿POR QUÉ SEGUIMOS CONSUMIENDO HISTORIAS QUE YA CONOCEMOS?

Porque no buscamos únicamente saber qué pasa.

Queremos volver a sentir cómo se siente.

Sabemos que probablemente habrá una separación, un reencuentro, una decisión imposible o un corazón roto. Y aun así seguimos viendo el siguiente capítulo.

Esto sucede con las novelas, las películas, las series, las canciones e incluso con la publicidad.

Una buena historia no necesita sorprendernos completamente.

Necesita hacernos sentir algo.

Por eso podemos conocer cientos de historias románticas y todavía emocionarnos cuando aparece una nueva.

El escenario cambia.

Los personajes cambian.

El problema cambia.

Pero la emoción permanece.

Y AQUÍ ENTRA EL MARKETING…

Las marcas entendieron esto hace muchísimo tiempo.

No vendemos solamente productos. Vendemos lo que esos productos significan.

Una cafetería no vende únicamente café: puede vender una mañana tranquila.

Un restaurante no vende únicamente comida: puede vender una cita.

Una agencia inmobiliaria no vende únicamente una casa: puede vender la idea de comenzar una vida.

Y una marca de ropa no vende solamente una prenda: puede vender la sensación de convertirnos en la persona que queremos ser.

El mecanismo es muy parecido al de una historia de amor:

no compramos solamente lo que vemos; compramos lo que imaginamos que vamos a sentir.

Por eso las historias siguen siendo una de las herramientas más poderosas de la comunicación.

MAL DE AMORES FUNCIONA PORQUE NO HABLA SOLAMENTE DE UNA ÉPOCA

La Revolución Mexicana es el contexto.

Emilia es el centro.

Pero el conflicto es profundamente humano.

La serie presenta a una mujer que no quiere elegir entre su vocación, su libertad y sus sentimientos. Y justamente ahí está una de las razones por las que la historia sigue teniendo algo que decirnos hoy.

Incluso la adaptación parte de un reto interesante: la novela es profundamente literaria y no está construida como una historia convencional de escenas perfectamente trasladables a una pantalla. Catalina Aguilar Mastretta explicó que uno de los objetivos era conservar el lirismo y la belleza del texto, pero convertirlo en una serie que también quisiera seguir viendo el público actual.

Eso también es comunicación.

Adaptar no significa copiar.

Significa entender qué hacía funcionar originalmente una historia y encontrar una nueva manera de transmitirlo.

QUIZÁ POR ESO SEGUIMOS CAYENDO

Seguimos cayendo en las historias de amor porque, en realidad, no dejamos de buscar historias sobre nosotros mismos.

Queremos saber si alguien va a regresar.

Si dos personas terminarán juntas.

Si alguien elegirá el amor o su libertad.

Si vale la pena quedarse.

Si vale la pena irse.

Y, sobre todo, queremos creer que nuestras propias historias todavía pueden cambiar.

Tal vez esa sea la verdadera razón por la que Mal de amores puede viajar de las páginas de Ángeles Mastretta a una pantalla casi treinta años después.

Porque cambian las plataformas.

Cambian las formas de contar.

Cambian las generaciones.

Pero seguimos siendo humanos.

Y mientras eso no cambie, probablemente seguiremos cayendo en las historias de amor.

Incluso cuando ya sabemos cómo terminan.

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